Cuida tu cerebro haciendo deporte.

551351_134849146705388_1524579026_nSeguro que alguna vez te has preguntado qué hace que ciertas personas adquieran un hábito deportivo y otras no.

Hoy en día la posibilidad de realizar cualquier deporte o actividad física, está al alcance de nuestra mano, es la era del “deporte para todos”.

Desde pequeños, a través de los campeonatos escolares, los niños se acercan de una manera natural y totalmente adaptativa al mundo del deporte de competición.

Este hábito puede ser interrumpido en la adolescencia, o por el contrario, fomentado a través de los clubs, federaciones o centros de tecnificación regional, que preparan al deportista para la alta competición.

¿Qué ocurre cuando dejamos de hacer deporte?

En ese momento, ayudamos a que la degeneración celular y neuronal  vaya más rápido, y que tengamos más predisposición  a padecer  enfermedades psicológicas y neurodegenerativas. Por el contrario, el hecho de continuar haciendo deporte, aunque no sea de alta competición, ayuda a mejorar nuestra calidad de vida y a aumentar nuestro rendimiento físico  y mental.

Médicos, psicólogos, investigadores y medios de comunicación hablan de los beneficios del deporte y el ejercicio físico para prevenir enfermedades cardiovasculares y sentirse mejor anímicamente.  Lo que no suelen añadir es que el ejercicio es también un escudo de protección de nuestro cerebro y un estímulo del aprendizaje y la memoria. Así lo han demostrado neurocientíficos de todo el mundo, como el Dr. Fernando Gómez Pinilla, (Universidad de California), que explica en sus trabajos, cómo se benefician las neuronas de la actividad de los músculos.

Con los años se ha podido demostrar lo que los griegos sugerían hace siglos, moverse puede aportar mucho beneficios a nuestra capacidad intelectual, facilitar los procesos de aprendizaje y de la memoria.

¿Qué ocurre cuando hacemos  deporte?

Haciendo deporte con regularidad y de forma continuada, podemos reducir  enfermedades  cerebrales como el Alzheimer, Parkinson y la Depresión.

Tenemos que entender que nuestro cerebro se desarrolló a nivel evolutivo, a través del ejercicio y por ello tenemos genes que necesitan de la actividad física para funcionar bien.

Cada vez que hacemos ejercicio, estamos masajeando nuestro cerebro para que produzca nuevas conexiones entre neuronas y nuevas células.

A pesar de todo ello lo que nos encontramos es que, aunque aumenta  el número de personas que hacen deporte con regularidad, todavía nuestra tendencia habitual es hacia el sedentarismo.

La falta de tiempo, el estrés, la incertidumbre, los pensamientos negativos y una comunicación ineficaz son algunos de los factores que hacen que disminuya a gran velocidad nuestra calidad de vida.

Esta es la dicotomía del siglo XXI, sabemos lo que es bueno para nosotros, pero nos cuesta la toma de decisión, o cuando la tomamos, mantenerla a lo largo del tiempo (la rutina).

La buena noticia, es la creciente oferta deportiva a nivel municipal y para todas las edades.

“Deporte saludable y de competición al alcance de todos”

Tenemos todos los recursos a nuestro alcance, ahora solo depende de nosotros, es nuestra responsabilidad.

Recuerda..

                     “Cuida tu cuerpo y tu cerebro te lo agradecerá”.

Yolanda Ríos Rodríguez

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El laberinto de la Vida

9249514418704410 (1)La vida es como un laberinto, con infinitos caminos y una única salida.

Un día te levantas y tienes un sueño…. Y te imaginas en la salida, todo fluye, es fácil, eres muy muy feliz.

Es como una visión, una intuición, un impulso, una sensación….y de repente sabes que quieres dirigirte hacia ese lugar. Dejas todo lo que estás haciendo en ese momento y te dispones a ponerte en marcha.

Cuando de repente, te miras , chequeas todo el material que tienes en ese momento para comenzar a andar, y te das cuenta…ayyyyy, que te faltan un montón de cosas, y piensas: “cómo las voy a conseguir?”.

Vaya! Y comienzan los miedos, las creencias, los obstáculos que te hacen muy difícil el camino: “qué difícil, no lo conseguiré, hay gente muchísimo mejor que yo, con más años, más experiencia, más guapos, más de todoooooo…aarrgg”.

Y el camino, de repente cambia de color, de forma, de olor, de imagen……no sabes exactamente por qué, incluso llegas a pensar que es culpa de otros, del momento, de la situación……además en algún momento, pasa por tu cabeza, la ínfima posibilidad de pensar que ese sueño, tu sueño, no es para ti.

Y te dicen que puedes, que eres especial, que tu sueño es único, que has nacido para ello, que te motiva, que disfrutas, que se te da de muerte………pufff, pero no lo escuchas.

Y te sientes mal, te empiezan a pasar cosas horrorosas, sientes mucho dolor, físico y emocional, y lloras sol@.

Sientes que has fracasado, y quieres tirar la toalla, pero duele, duele demasiado.

Y un día… de repente,  no lo aguantas más!  Dejas de escuchar tus pensamientos  y  tu solit@, dices ¡Basta YA! ¡Creo en mí,  puedo y quiero  hacerlo, y lo VOY A HACER!

Y lo haces…..vuelves a coger tu material para el viaje, y lo retomas ahora de otra manera diferente.

Te sientes más fuerte, más seguro, con ganas, no esperas nada, sólo lo haces, sientes plena confianza en que va a ocurrir, dejas que fluya y entonces……comienzas a disfrutar del camino, del viaje, del paisaje, y observas a tu alrededor…

…nuevos colores, olores, sonidos, sensaciones que te hacen sentir fenomenal! Las frases que te decía la gente, ahora te resuenan bonito en tu cabeza, en tu corazón, en lo más profundo de tu alma.

Y te sientes libre, tranquil@, presente…….muy muy muy feliz.  Viviendo la experiencia, disfrutando del momento, siendo totalmente consciente que aparecerán nuevas situaciones que te harán sentir mal, y las recogerás, vivirás y aceptarás como parte del viaje, como parte importante de tu aprendizaje.

Y por fin entiendes que sólo fracasas…..si nunca lo intentas.

Y lloras sol@, de emoción, de felicidad.

Un gran momento para dar las GRACIAS  a tod@s los que te han acompañado, acompañan y acompañarán a lo largo de este maravilloso viaje.

¡GRACIAS por formar parte del laberinto de mi vida!

 

Yolanda Ríos 

 

Palabras que se siembran, palabras que germinan

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Las palabras se manifiestan a través del sonido para transmitir los sentimientos que llevamos en el corazón.

A través de la voz intentamos comunicar lo que llevamos dentro. Para ello es importante que las palabras broten desde lo más profundo como si se tratara de un iceberg insonsable. Deben ser convincentes, intencionadas, con ideales y emergentes de un corazón puro.

La palabra es como esa parte visible, el iceberg que se asoma, y en nuestro interior se guarda la gran masa.

La palabra rompe la muralla del silencio, es el escenario perfecto para sacar ese potencial que llevamos dentro.

También los gestos sencillos son alentadores, como un simple saludo, una sonrisa, un abrazo cálido capaz de desquebrajar las barreras de la comunicación.

Palabras, gestos, sonidos derriban muros para dar paso a la esperanza y el aliento.

La palabra es el vehículo perfecto para realizar la función del Buda, pero también puede ser el parapeto tras el que se esconda nuestra negatividad. Palabras corteses pero faltas de calidez humana; aparentemente altruistas ero manipuladoras o palabras vacías y débiles faltas de convicción y reflejo de una resignada desesperanza.

Es nuestra condición de vida la que determina el valor de lo que decimos. Por muy hábiles que seamos en el uso del lenguaje, si nuestras voces no están apoyadas en una fuerte convicción y sustentadas por un corazón misericordioso nunca podrán llegar al corazón del otro. Tal vez, en un primer momento logremos despertar su atención pero nuestro comportamiento discordante con lo que decimos sólo generará decepción y sufrimiento.

Hablar, ¿para qué? ¿Para callar la boca a otras personas, refutar, despreciar?

Las palabras pueden ser el alimento de la esperanza.

Se trata entonces de sumar, de facilitar, de crear oportunidad.

Hablar para construir un espacio común, donde se reflejen las ideas, como si de un lago cristalino se tratara, en cuyas orillas reposen las emociones, se intercambien ánimos y se desechen temores, aportando luz a miradas oscurecidas.

Hablar, para escuchar.

Hablar, para crear.

Hablar, para construir.

Daisaku  Ikeda “La sabiduría del Sutra de loto”

El poder de las Palabras.

el-poder-de-la-palabraPiensa en la palabra “esperanza”. Tómate un momento y fíjate en lo que te viene a la cabeza.

Ahora piensa en “paz”. Y lo mismo: tómate un momento y piensa en lo que te viene a la cabeza.

Son palabras simples, pero con mucho significado, ¿verdad?. Seguro que las dos te hacen pensar en muchas cosas, pero todas positivas.

Ahora piensa en “tristeza” o “enfado”. Ocurre todo lo contrario ¿verdad?. Estas palabras también son simples, y también traen muchos pensamientos, pero lo más probable es que sean negativos.

El poder de las palabras es inmenso: son capaces de dar fuerza a las personas debilitadas, valor a las que tienen miedo, o esperanza a las que están enfrentando alguna dificultad. Pero, según las palabras que sean, también pueden hacer sentir fatal a quién las escucha.

Cuando hablamos con sinceridad podemos cambiar la vida de la persona que nos escucha e incluso la nuestra propia. Puede parecer algo muy sencillo, algo que hacemos todos los días, pero en realidad es la manera más poderosa de construir amistades duraderas y de realizar cambios positivos.

Las palabras que utilizamos son un reflejo de nuestra propia vida. Por eso, lo más importante es convertirnos en personas fuertes, sinceras y alegres, capaces de extraer lo mejor de nosotros y ofrecérselo a los demás, valiéndonos del poder de las palabras.

De pie y de paz. Una publicación del Departamento de  Jóvenes de SGEs.

No todo lo que puede ser contado cuenta…

….. (y no todo lo que cuenta puede ser contado)
Bután es un país pequeño, montañoso y sin salida al mar situado geopolíticamente en una zona complicada. En 2008 su rey decidió abdicar y otorgar el poder al pueblo pero con una particularidad: decidieron dejar de medir su “crecimiento” con el indicador estándar que emplea cualquier nación, el que tiene en cuenta todo lo tangible, el PIB.

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