Cómo influye la Comunicación en los deportistas.

padre-entrenador¿Cuántos entrenadores nos encontramos en un campo de fútbol o una cancha de baloncesto?

Muchas veces no somos realmente conscientes del impacto que tiene nuestras palabras y nuestras acciones en los demás. Es importante lo que decimos, pero más aún cómo lo decimos.

Los deportistas lo sufren día a día, influenciados positiva y negativamente por su familia, entrenadores, instituciones o clubes y medios de comunicación.

 

Este corto es una demostración de todo ello.

Es importante que tengamos en cuenta que cuando un niño comienza a jugar en un deporte de competición lo hace por diferentes motivos, entre ellos, porque le gusta el deporte, porque lo juega con sus amigos, porque algún miembro de su familia juega o jugó, porque se ve identificado con algún jugador de éxito, etc…

En definitiva, conocer los motivos o la motivación del jugador es clave para poder gestionar expectativas y evitar frustraciones a la hora de marcar objetivos profesionales.

Por eso, comienza preguntándole: “¿Para qué juegas al…?”

Su respuesta nos dará mucha información sobre cómo comunicarnos con él, qué lenguaje verbal y no-verbal utilizar para que pueda desarrollar su máximo potencial en un entorno de Alto Rendimiento.

Teniendo en cuenta esto como punto de partida, nos encontramos que el día a día del deportista, en muchas ocasiones, lo vive cuesta arriba, como si nadara a contra corriente. Porque el deporte que le apasiona, o con el que se divierte comienza a tener más costes que beneficios (frustración, desmotivación, baja autoestima, falta de control emocional, lesiones).

Por este motivo, es clave ser conscientes de este tema, y poner solución lo antes posible, sobre todo en deportes de base.

Entrenar en Comunicación Efectiva con padres y entrenadores ayuda a que el deportista viva su deporte con pasión, diversión y pueda alcanzar todos los objetivos que se proponga desde la responsabilidad.

“Si quieres ver un cambio en el otro, comienza por hacer un cambio en ti mismo”

 

Yolanda Ríos Rodríguez

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Palabras que se siembran, palabras que germinan

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Las palabras se manifiestan a través del sonido para transmitir los sentimientos que llevamos en el corazón.

A través de la voz intentamos comunicar lo que llevamos dentro. Para ello es importante que las palabras broten desde lo más profundo como si se tratara de un iceberg insonsable. Deben ser convincentes, intencionadas, con ideales y emergentes de un corazón puro.

La palabra es como esa parte visible, el iceberg que se asoma, y en nuestro interior se guarda la gran masa.

La palabra rompe la muralla del silencio, es el escenario perfecto para sacar ese potencial que llevamos dentro.

También los gestos sencillos son alentadores, como un simple saludo, una sonrisa, un abrazo cálido capaz de desquebrajar las barreras de la comunicación.

Palabras, gestos, sonidos derriban muros para dar paso a la esperanza y el aliento.

La palabra es el vehículo perfecto para realizar la función del Buda, pero también puede ser el parapeto tras el que se esconda nuestra negatividad. Palabras corteses pero faltas de calidez humana; aparentemente altruistas ero manipuladoras o palabras vacías y débiles faltas de convicción y reflejo de una resignada desesperanza.

Es nuestra condición de vida la que determina el valor de lo que decimos. Por muy hábiles que seamos en el uso del lenguaje, si nuestras voces no están apoyadas en una fuerte convicción y sustentadas por un corazón misericordioso nunca podrán llegar al corazón del otro. Tal vez, en un primer momento logremos despertar su atención pero nuestro comportamiento discordante con lo que decimos sólo generará decepción y sufrimiento.

Hablar, ¿para qué? ¿Para callar la boca a otras personas, refutar, despreciar?

Las palabras pueden ser el alimento de la esperanza.

Se trata entonces de sumar, de facilitar, de crear oportunidad.

Hablar para construir un espacio común, donde se reflejen las ideas, como si de un lago cristalino se tratara, en cuyas orillas reposen las emociones, se intercambien ánimos y se desechen temores, aportando luz a miradas oscurecidas.

Hablar, para escuchar.

Hablar, para crear.

Hablar, para construir.

Daisaku  Ikeda “La sabiduría del Sutra de loto”